Martxoak 24: Un muelle de Normandia

Un muelle en Normandía

Francia (106′)

Zuzendaria: Emmanuel Carrère

Gidoia: Emmanuel Carrère

Argazkilaritza: Patrick Blossier

Musika: Mathieu Lamboley

Aktoreak: Juliette Binoche, Didier Pupin, Emily Madeleine, Evelyne Porée, Hélène Lambert, Léa Carne, Louise Pociecka, Steve Papagiannis, Aude ruyter, Jérémy Lechevallier, Kévin Maspimby, Faïcal Zoua, Arnaud Duval, Nathalie Lecornu, Joël Graindorge, Clémentine Tehua. 

Sinopsis:

Marianne Winckler, una reconocida autora, decide escribir un libro sobre la precariedad laboral viviendo esta realidad de primera mano. Para ello, ocultando su identidad, consigue trabajo como limpiadora en un pueblo de Normandía, al norte de Francia, y descubre una vida ignorada por el resto de la sociedad en la que cada euro ganado o gastado importa. Pese a la dureza de la experiencia, la solidaridad entre compañeros crea fuertes lazos de amistad entre Marianne y ellos. La ayuda mutua conduce a la amistad y la amistad a la confianza pero ¿Qué pasa con esta confianza cuando la verdad sale a la luz?

Sinopsia:

Marianne Winckler idazle ezagunak lan prekarietateari buruzko liburu bat idaztea erabakitzen du, errealitate hori lehen eskutik ezagutuz. Horretarako, bere identitatea ezkutatuz, garbitzaile lan bat lortuko du Normandiako, Frantzia iparraldeako herri batean, eta gainontzeko gizarteak baztertu egiten duen bizitza bat ezagutuko du, non irabazten edo gastatzen den euro bakoitzak garrantzia duen. Esperientzia gogorra izan arren, lankideen arteko elkartasunak adiskidetasun lotura sendoak sortzen ditu Marianne eta haien artean. Elkarren laguntzak adiskidetasuna dakar eta adiskidetasunak konfiantzara, baina zer gertatzen da konfiantza horrekin egia jakiten denean?

Sariak:

            2021: Zinemaldia Donostia: Europako film onenari. Ikusleen saria

ENTREVISTA AL DIRECTOR

Emmanuel Carrère • Director de En un muelle de Normandía

“La película tiene un lado social, pero también un elemento hitchcockiano”

Ha inaugurado la 53Quincena de realizadores en el marco del 74º Festival de Cannes. Una película donde una escritora, interpretada por Juliette Binoche, se infiltra en la precariedad contemporánea de los servicios de limpieza.

¿Por qué decidiste adaptar Le quai de Ouistreham?


La idea no surgió de mí. El libro, que es excelente, tuvo mucho éxito desde su publicación hace diez años. Y, como suele ocurrir cuando un libro tiene éxito y una protagonista muy prometedora, muchos cineastas y actrices estaban interesados. Pero la autora, Florence Aubenas, se mostraba reticente porque creo que temía una falta de respeto hacia las personas que aparecen en el libro. En estos casos, la idea de una adaptación cinematográfica suele quedar descartada, pero Juliette Binoche es muy tenaz. Casi cada año, invitaba a Florence Aubenas a cenar y le decía: “Entonces, ¿cuándo hacemos la película?” Y hace cuatro años, Florence Aubenas mencionó mi nombre. Nosotros nos conocemos, no somos amigos, pero hay un respeto mutuo. Eso fue un golpe de suerte para mí. A veces, cuando la vida o las circunstancias te llevan hacia una cosa que no te planteabas ni deseabas, te hace salir de tu zona de confort y eso fue lo que pasó.

La película muestra de forma documental la profesión de limpiadora. ¿Qué fue lo que más te impactó de ese universo?


Lo particular en este tipo de trabajo es que trabajas dos horas por aquí, tres horas por allá; tienes que desplazarse de un sitio a otro e inviertes en ello gran parte de tu pobre sueldo, no tienes tiempo de volver a tu casa para dormir una pequeña siesta, pero tienes tiempo libre entre dos trabajos: es agotador.

¿Cómo trabajaste con el reparto, que mezcla a Juliette Binoche con actores no profesionales?


Al principio del proyecto, acepté esta condición. Juliette aceptó, los productores también. Tuvimos la suerte de tener más de un año entre la escritura del guion y el inicio del rodaje. Hubo tres o cuatro meses de audiciones con muchos ensayos, y luego trabajamos en un taller tres o cuatro veces al mes durante seis meses. Días de juegos, de improvisaciones, que eran una forma de estar juntos, de aprender a conocerse, de convertirse en una especie de compañía teatral. Poco a poco, estas personas, que estaban muy alejadas del mundo de los actores y de la idea de actuar, se familiarizaron con el proceso y con sus compañeros. Juliette llegó a último momento y los demás la esperaban con recelo mientras se preguntaban cómo sería la gran estrella. Yo tampoco sabía cómo iba a salir porque, aunque Juliette es una actriz extraordinaria, no es suficiente para conseguirlo. Lo que ocurrió y que para mí es la clave de la película, es esa alquimia que surgió entre ellos y Juliette. Y fue gracias a Juliette porque fue humilde, sencilla, amable y los dirigía al mismo tiempo que actuaba con ellos: se sentían cada vez más confiados y felices de actuar. Yo no me considero un gran cineasta, pero ahí había una gran historia y un dispositivo creativo que podía ser interesante.

A menudo, tus libros han abordado la cuestión del doble o de personas que pretenden ser lo que no son, como por ejemplo, en El adversario. ¿Eso influyó en la escritura del personaje interpretado por Juliette Binoche?


En un sentido, sí. En la película hay un lado social, pero también un elemento hitchcockiano, que no estaban en el libro y que constituyen la base dramática de la película. Cuando alguien se infiltra en un grupo y finge ser uno de ellos, aunque sea con buenas intenciones, siempre surge la misma pregunta: ¿cuándo será desenmascarado? Era imposible no usar ese muelle dramático. Toda la historia de la amistad entre Marianne y Christèle tampoco está en el libro, que es una crónica social. Florence Aubenas declara con firmeza que ella sólo es una periodista: el libro nunca mira en su dirección porque ella piensa que mirar y describir son más importantes que ella misma, y como es una periodista con mucha experiencia, es consciente de ese peligro, por lo que se permite buenas relaciones y asociación, pero no intimidad. En la película, la protagonista ya no es periodista sino escritora: era una forma de acercarla a mí y a mi forma de abordar la parte documental de la película. Creo que hay dos escuelas en el cine documental: o hacemos como si el observador no estuviera allí o consideramos que la interacción entre el observador y lo que graba forma parte del proceso. El célebre teorema de Heisenberg: observar el fenómeno, cambia el fenómeno, y la película explora eso.

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